Todo es Violeta

¿Dijiste sonreír? Sonreír era una tontería antes de que apareciera ella; la que está allá atrás de la señora del cochecito, no la voluptuosa, ni la flacucha, sino mi menuda de en medio. Violeta, violeta, Violeta... ¿la pudiste ver? ¿ya ves porque ando como ando? Si me conoces tanto como me conoce el viejo, que ya algo sospecha, y si además la conocieras a ella, entenderías al menos algo de lo que pasa. Mi gran problema es que yo soy yo, y ella es Violeta. No hay forma, al menos no ahora, ni mañana, ni quien sabe cuando... ¡ahí viene!

Ahora resulta que tienes tu la razón y que estoy enamorado. Lo que no entiendo, y a ver si me ayudas con eso, es el porque de tanta complejidad. Tanta y tan de repente. Yo que detesto tener más de dos posesiones, que ya no dependo ni de papá ni del abuelo ni del partido, que lo que cargo son dos pares de camisas y dos de pantalones. Antes cerraba los ojos y entonces creaba; ahora, te juro por los cielos, todo es Violeta... ¡se está yendo!

Lo triste es que cada día es más triste. A lo mejor son ideas mías, pero su peso encima mio no es el mismo de ayer, y ese aroma suyo en el espacio engancha hoy con más violencia. Ya no sólo cerrando los ojos le veo la mirada, dos lunares, su boca. ¿Te acuerdas como me mataba un cabello largo y negro? Bueno, esto ya es otra cosa. Creo que me estoy perdiendo o que algo me va dejar pronto de funcionar. A lo mejor ya estoy loco y no lo sé, ¿podrá ser? Porque es que hay algo que sólo yo veo en sus maneras. No sé si sea eso que llaman gracia (tampoco es que ahora entienda mucho a las personas) pero si hay algo me acerca a los locos debe ser el poder ver eso; y eso sin hablar de que ya lo siento imprescindible. ¿Que crees que estas mirando, eh? Ni se te ocurra decirlo: Violeta es perfecta... mírala, pero no tanto.

Aquí es donde ella viene al final del día después de dar la clase de violín. Es un cafécito bien oscuro y con olor a ella, te va a encantar... ¿te dije que también cantaba? Y mucho mejor que las otras chicas, y estoy convencido de que cantaría mejor si no estuviera tan cansada. Es la única de ellas que viste todos los días lo mismo, ni le interesa. Y yo aquí sentado, disfrutando el exceso de escucharla hablar: siempre pausada, como la voz de mi vida. Ya es tanto que una vez la escuché en sueños y... ahora silencio; calla, y escucha.

Creerás que te exagero, pero creo que podría recordar todo su repertorio de hoy. La pensaré tanto que lo que se me olvide surgirá, así sea a la fuerza. De ella cada gesto es admirable, y eso es precisamente lo que me revienta. Es como intoxicarse, como vivir enfermo y no poder gozar de nada de lo que te bastaba para estar contento. Hace un mes pintaba y pintaba con todos los colores; esta noche, como anoche, todo será Violeta.



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